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 EL MALDITO

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labrujapiruja
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Localización : para tu salud mental, mejor que no la sepas

MensajeTema: EL MALDITO   Dom Mayo 23, 2010 10:18 am

Esta inscripción constaba en la entrada de aquella pirámide.
Tardaron meses en descifrar aquellos jeroglíficos.
Una vez llegamos a la cámara funeraria constaba otra inscripción:
"EL SUEÑO ES EL ETERNO BIEN DEL MALIGNO, QUE ELIMINARÁ A TODO MORTAL CON EL QUE SE CRUCE".

No me gusta como suena eso, parece una maldición-dijo John.
Quiso llegar lo antes posible a la tumba.
Despejaban el camino mientras John volvió a su tienda, se sentó en su silla y se tomó un güisqui.
Luego se tumbó un rato mientras esperaba a que lo llamen.

Sucedió a eso de las once y media, tuvo que entrar prácticamente arrastrándose.
Tosió por la arena y los ojos comenzaron a llorarle.
Metió la linterna y observó que las paredes estaban llenas de jeroglíficos. Eran de la dinastía XIX.

Abrieron el agujero y entró en la cámara. Se percibía un olor a perfume, algo que me extraño pro los siglos que habían pasado desde la última vez que alguien estuvo allí.
El corazón le latía apresuradamente. Tosió y se pasó el pañuelo por los ojos.

Había una gran mesa cubierta de cajas y recipientes de alabastros en el centro de la sala. También muchos papiros por todas partes.

Miré al techo y observé que estaba decorado de estrellas, lunas y nubes.
Esto no parece una tumba-dijo Sahir.

Observé toda la habitación; papiros abiertos, plumas, tinteros e incluso una copa.
Justo en la mitad de la sala de lo que parecía una biblioteca o un gran salón había un gran sarcófago.

Un Rey jamás permitiría que lo enterrasen aquí-dijo John.

Observé mezclas de diversas épocas; romana y egipcia, puede al menos diferenciar.
En la tapa de aquel sarcófago había una inscripción grabada, la cuál decía: "NO TOQUEÍS ESTE CUERPO".

Él no hizo caso de la advertencia y lo abrió. Vimos una momia envuelta perfectamente en vendas y cubierta sobre una especie de tela, reseca por los siglos.
Con su mano rompió la tela. Se acercó y observó que tenía los ojos abiertos tras las vendas. Se sobresalto y se asusto a la vez.
Era imposible, al embalsamarla le cerraban los ojos.

De pronto noto como algo lo asfixiaba, intento escaparse, pero no pudo.
Así fue como John paso a ser la envoltura que necesitaba.
El cuerpo de un lejano rey, ahora moraba en aquel arqueólogo.

Porqué llegué hasta aquí, fácil respuesta. Por amor, por codicia, por todo eso y por soberbia.
Todo ello me llevo a tomar aquel elixir de la vida eterna, una locura por mi parte ya que el brujo me explicó sus consecuencias, la soberbia me pudo, pensé que un rey joven y fuerte como yo era superior a todo.

Pero no fui superior a esto no.
Mi cuerpo no envejecía, me mantenía en mis treinta años, aunque pasaban los años yo seguía igual. Todo parecía bueno pero no lo era, el pago por aquella juventud fue que me volvía casi un muerto en vida.

La comida para mi no tenía ningún sabor, al igual que la bebida.
No percibía las fragancias y los sentimientos no estaban ya en mi cuerpo.
Tan sólo había una maldición a esta vida eterna, si mi cuerpo moría yo permanecería en él. No muerto sino latente mientras estuviera en las sombras.
Si alguien abría mi sarcófago, me devolvía automáticamente al terreno de las almas y me podría buscar un cuerpo donde guarecerme.

Al final de todo, este maldito elixir no era más que una maldición.
Me evadía del dolor y me privaba a la vez del placer. Me encarcelaba a este mundo mientras mi envoltorio humano no sufriera daño alguno, yo pertenecería a este mundo.

Con todos mis deseos, mi personalidad y todo el poder que poseía.
No me servía de nada, porque no se sentía dichoso.
Tenía ansias de comer, beber y poseer mujeres y esas ansias nunca se calmaban.

Podía oír el aullido que brotaba del pecho de las gentes. Los aullidos del miedo y de la conciencia .Este deseo me recomía por dentro. Había crecido tanto mi soberbia que jamás creí que nadie pudiera vencerme.

Pero siempre hay un alguien; aquella pequeña criatura de ojos claros, me había descubierto, sabía que no era quién decía ser.

Me dejó poseerla, aunque yo no sentía el placer que ella sentía. Se hizo imprescindible en mi vida, mi mano derecha.
Aunque no sentía amor, porque no podía sentirlo, estaba muerto en vida, era el precio de la eternidad.
Aquella noche ella me ofreció una copa, que bebí entre besos y caricias.
Vestía un sahir semitransparente que apenas la cubría.

En aquella copa había algo que en aquel momento no sabía que era, pero que me aturdió.
Ella comenzó a reírse, hasta aquel momento no me había dado cuenta de que aquellos ojos habían cambiado, su brillo era igual al mío al reflejarse en los espejos.

Su risa resonó en mis oídos. Maleka, Maleka salió de mi boca.
De la suya sólo salió:¿Creías que habías ganado?¿Creías que eras el único que poseía el elixir? Pues te equivocabas Seek, el rey caído.
También yo lo poseo.

Me has engañado todo este tiempo-le respondí, mientras perdía la consciencia.
No te engañe, sólo no dije quien era, porque hasta hoy no era yo.Como ves una simple esclava ha sido capaz de ganarte la partida.

¿No lo recuerdas verdad? Yo servía en tu palacio. Tú me poseíste y me prometiste muchas cosas que luego no cumpliste.
Por eso robe aquel elixir de la sala sagrada. Yo no era nadie, así que nunca te fijaste en mí.
Cuando tu cuerpo humano fue asesinado te metieron en aquella pirámide y a algunos de tus sirvientes contigo.

Yo escape y viví de un pueblo a otro, todos estos siglos, esperando el momento. Hasta que de pronto leí lo de el descubrimiento y volvieron todos aquellos recuerdos.

Mi venganza ha tardado, pero por fin la voy a llevar a cabo.
No podía apenas moverme. Me metió dentro de un ataúd y me traslado a un cementerio perdido de un pueblo donde jamás daba el sol.

Aquí estamos Seek, el rey y la esclava. Te vas a pudrir bajo todo esta tierra donde jamás llega la luz del sol a despertarte; sin eso y sin la comida y la bebida serás un muerto más.

Ese será el cobró por mi virtud. Aunque no soy una reina, no soy un trozo de carne, no eras mi dueño entonces y no lo serás ahora.

Cerró la tapa mientras decía: Ahora tendrás toda la eternidad para purgar tus pecado rey mío.

Oí la tierra caer sobre la tapa del ataúd, podía incluso oír la lluvia caer y todo lo que sucedía allí arriba.

Por ti rey Seek porque te pudras ahí abajo por los siglos de los siglos. Brindaba mientras se reía, tomó un sorbo y derramó el resto sobre la tierra.

Se fue caminando, el precio que tendría que pagar sería el resto de la eternidad de dolor y vacío.

Me preguntaba si había válido la pena.......


Si a ella le había válido la pena pensó mientras sus tripas sonaban pidiendo comida sin sabor.........
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EL MALDITO
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