Aunque lejano, se acerca el dia,
el momento de expirar.
Despedirme de ésta tierra
que me ha visto llorar.
Los recuerdos se amontonan
en mi frente al meditar;
¡Mi sientimiento es tan inmenso!
¡Imposible de medir!
Solo quiero que al morir,
que me vayan a enterrar
con una pluma en mi mano,
y unos cuantos, breves versos.
Cuando mis callados huesos
ocultos de todo mirar,
bajo la pesada losa
descansando se hallen ya,
no quiero que los guarden flores,
ni los vayan a custodiar
una rancia fotografía
abrigada tras un cristal.
Tan sólo quiero amigos
dispuestos a recitar
sentados sobre mi tumba,
una escogida elegía.
Unos pocos fieles amigos
que me sepan no llorar,
solo regalarme poesía
cuando haya muerto ya.
Al abrigo de la luna, y para el Club de los Poetas Muertos, mi nombre es Charlie Dalton, pero debéis llamarme: